OPINIÓN: Lecciones tras seis semanas de carreras virtuales

Bastaron tres vueltas para que prácticamente toda la reputación que construyó el INDYCAR Challenge en los 387 giros previos quedara en olvido.
Esto es algo que, en lo personal, tras seguir los seis sábados de carreras virtuales de INDYCAR, no estoy de acuerdo. De todas las ligas que se han realizado, diría que The Race, Supercars y la serie estadounidense fueron de lo mejor organizadas y que logró armar una diferencia entre el resto.

Pero por desgracia, será la percepción que parte del público se quedará por un tiempo. Lo que pasó ayer sábado fue una olla que acumuló presión y explotó rápidamente.

Claro, el riesgo de que una situación así pasara era latente, pero la forma en la que ocurrió fue de proporciones acorde al estilo que NASCAR explota para promocionarse, y se venía cocinando desde hace una semana.

LA LÍNEA DEL TIEMPO

Repasemos. Ni siquiera debieron correr en Indianápolis, en primer lugar. Cuando el torneo se presentó, la última ronda debía ser en una pista “De Ensueño”, abriendo la posibilidad de usar Spa-Francorchamps o Suzuka; otros soñaban con un óvalo de los viejos tiempos, y otros más daban ejemplos como Mount Panorama.

Uno entiende que la serie surgió antes del aplazamiento de la Indy 500: hoy por hoy, el evento está programado para el 23 de agosto y era razonable ofrecer algo relacionado con el Mes de Mayo.

Pero el cambiar la regla en el proceso y hacer éste su cierre simplemente no estuvo bien, hacía mucha analogía a ciertos manejos deportivos de la vida real de hace casi una década. Se pudo hacer un evento especial en Indy, por ejemplo, y no pasaba nada. Le das descanso y vida adicional al concepto.

Prácticas y calificación. Tony Kanaan y Alexander Rossi anticiparon el desastre que se podía generar, dado que menos de 10 autos terminaron en al menos dos de las competencias de ensayo de jueves y viernes porque el estilo de manejo era, en cierto grado, alejado de la realidad.

¿El resultado? Las 15 últimas vueltas del Indy 175, que además de tener accidentes (unos innecesarios, otros inimaginables), demeritó la calidad del espectáculo en pista, que había sido excelente en las cinco rondas anteriores y parte de esta misma competencia.

FOTO: Chris Graythen/Getty Images/INDYCAR

EL NUEVO DEBATE

Independientemente de lo anterior, si bien es aplaudible que esta serie se hizo lo más profesional posible, el gran problema es que, por más horas que un piloto con formación “convencional” practique y se prepare rumbo a un evento, nunca podrás persuadir a todo un grupo para que avale al 1000% este tipo de carreras.

Muchos pilotos ni siquiera tenían un paquete de accesorios para correr hasta hace mes y medio. Además, para desarrollar la tecnología de las pistas, se utilizan simuladores creados por las fábricas automotrices, con características distintas.

No es la manera en la que el piloto de carreras “reales” se formó y creció y, en especial para la generación de experiencia, es muy difícil cambiar sus bases, aunque sea para seis semanas.

“He aprendido que necesitas mucho tiempo para ser bueno en esto”, dijo Kanaan, veterano de más de 20 años en la especialidad, el viernes. “Los chicos que manejan los IndyCars reales, se complican un poquito más que los virtuales. Otros chicos se han adaptado mejor que los otros”.

Que esto no se lea como un desprestigio para los que trabajan en la industria virtual. Después de todo, se hicieron de una reputación legítima para formar pilotos, el Nissan GT Academy como uno de los casos más notables en la última década, y los mismos Lando Norris y William Byron como estandartes de las nuevas generaciones, que se han pasado los últimos años formándose con esta tecnología.

Pero actualmente, quizá aún no estamos preparados para aceptar este modo de competencias de manera masiva, por el choque de generaciones y la perspectiva del riesgo. La oportunidad para unificar tecnología y equipamiento está ahí (Robert Wickens seguro lo agradece) pero, ¿para formar pilotos de manera cotidiana?

Falta mucho para que se hable de aceptar plenamente al “sim racing” como algo más que entretenimiento, pero ha habido un avance y en el futuro, puede que sea la norma.

Ahora, Norris es un caso muy particular, al ser un talentazo en iRacing y en las categorías en las que ha participado (miren su primer stint en las 24 Horas de Daytona de 2018), pero a final de cuentas, no se podrá comparar su nivel con el del resto de la plantilla de INDYCAR hasta que se suba a un auto de la serie.

El hecho de que sea piloto de F1 provoca comparaciones entre ambas series, cuando esto es lo más equivocado que puede ocurrir, más si se parte de las plataformas digitales.

LA CONDUCTA TIENE SUS LÍMITES

Este debate NO justifica lo que Simon Pagenaud, su estratega Ben Bretzman y Santino Ferrucci hicieron en el final, así como la postura de otros pilotos durante estas semanas.

Que el comportamiento sea distinto al manejar en sim que en la pista real, en el que quitas el riesgo con el que se educaron, no puede dar paso a la actitud de algunos para dar, indirectamente, una mala imagen de esta plataforma.

Además, así como no hay espacio para el lenguaje ofensivo en la vida real o en estos eventos en línea (sean organizados por series o los mismos pilotos), no puede haberlo para códigos de conducta que van en contra del espíritu deportivo, más cuando es un evento que representa a la serie y a sus patrocinadores.

Aquí también se exhibió la debilidad de los oficiales de iRacing en turno, y que son diferentes a los de la INDYCAR real. Si bien se implantaron reglas estrictas desde el comienzo, no se aplicaron medidas consistentes como en NASCAR, donde se descalifica a los pilotos por cuestiones técnicas o de actitud.

Por el otro lado, sin hablar a nombre de Pagenaud o de cualquiera de los pilotos o directivos, que Norris sugiriera que no se quería que un piloto no perteneciente a INDYCAR ganara otra vez no tiene sentido. ¿Para qué hacer la invitación, en primer lugar?

Esas declaraciones en específico, y el que se hayan magnificado entre su grupo de seguidores (más de 400 mil en Twitch, para ser más exactos) y cierta prensa, también se alejan del terreno de lo tolerable.

FOTO: Chris Graythen/Getty Images/INDYCAR

¿CONSECUENCIAS?

Ayer por la tarde, Rossi y Will Power hablaban sobre las rivalidades que se generarán una vez que el campeonato de INDYCAR arranque (hasta ahora) el 6 de junio.

Lo dirán de broma, pero tras las discrepancias que los pilotos tuvieron en ciertas situaciones durante las seis últimas semanas, y la misma discrepancia al tratar esta plataforma, es muy posible que ese tema se traslade a los circuitos.

Esto porque, desde el Día 1, expresé mi duda (no en éste, sino en otro medio) sobre si habría cierta influencia negativa de las carreras en sim, sobre los que se formaron en las pistas reales, en el futuro.

Aunque creo que el nivel de agresividad será distinto, en especial porque habrán pasado casi nueve meses desde la última carrera oficial, confío en que los pilotos sabrán medir riesgos y evitar situaciones comprometedoras.

Por eso mismo también confío en que las “postales” de Sage Karam y Graham Rahal tomando vuelo quedarán en el anecdotario. Ciertas escenas trágicas aún son frescas para algunos.

La serie y oficiales reales deberán enfatizar en el espíritu del deporte y los límites de conducta, a fin de salvaguardar la integridad física de los participantes.

¿De penalizaciones hacia Pagenaud, Bretzman y Ferrucci? Difícil saber, por las posiciones de Roger Penske, dueño del equipo del francés y de la serie, y en especial, Dale Coyne, quien despidió a un piloto de la talla de Sébastien Bourdais para mantener a flote su operación, con el controvertido estadounidense a bordo.

Los de hoy no son tiempos fáciles ni normales, ya que el encierro parece sentirse más extenso, pero se agradece que el concepto de INDYCAR virtual se haya organizado y haya tenido una vida relativamente duradera.

Solo queda esperar a que el entorno se normalice y que lo que nos concierne (el golpe financiero a la serie y equipos) no sea tan grave.

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